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a este espacio virtual de reflexión y análisis sobre temáticas de trascendencia nacional que reflejen y determinen en las actuales coyunturas, las riendas de la nación o igualmente aquellos que afecten a la ciudadanía en general.

El fin principal del blog: Renovación, Civismo y Democracia, es concientizar a sus lectores
de la realidad sumisa y paupérrima que padecemos gravemente los Colombianos; generando una visión crítica a través de artículos, ensayos, encuestas y foros participativos, entre otros, que constantemente exhorten a proponer soluciones e ideas de cambio.

EL AUTOR. Barranquilla, Enero de 2011.




19 de julio de 2010

Observaciones sobre la columna "Estado y juventud" (2° Parte)

Entrando en profundidad sobre los distintos factores que obstaculizan la aplicación y garantía de la "ley de juventud", aparte de continuar comentando los aspectos mencionados en "Estado y Juventud", veo entonces necesario que nos preguntemos ¿cuáles han sido las fallas más notorias, para que en Colombia la ley 375 de 1997  haya fracasado ostensiblemente?.

En cierto modo son demasiadas las problemáticas que ha enfrentado esta ley, pero si pudiera resumir las más "espinosas" en el contexto nacional,  mencionaría tres dificultades que perjudican diariamente el objetivo de esta ley de la juventud, de la cual, algunas de estás coinciden con las descritas en el artículo "Estado y juventud". 

1.  Voluntad política negligente y despreocupada:  No existe un compromiso serio en la mayoría de los partidos politicos para entregarle herramientas o sacar adelante esta ley (salvo pocas excepciones) y en las gobernaciones, alcaldías locales y demás entes gubernamentales no se proyecta un programa a fondo para trabajar con jóvenes desde diferentes campos y puntos de acción. 

2. Es una ley ordinaria y no estatutaria: La Corte Constitucional en Sentencia No. C-616 de 2008, plantea que los temas participativos de la juventud tienen que ser desarrollados por medio de una Ley Estatutaria, y no una ordinaria como lo es la Ley 375 de 1997. La diferencia está, en que mientras la  ley ordinaria es un acto normativo de menor jerarquía y carácter (menor regulación en la materia), la ley estatutaria es una categoría normativa por medio de la cual se regulan materias de especial relevancia, sujeta adicionalmente a un procedimiento de formación más exigente que el ordinario. Lo que quiere decir, que con una ley estatutaria en temas críticos para los jóvenes, se podría desarrollar una mejor "ley de la Juventud", partiendo de la base en que se contaría con mejores mecanismos y herramientas para la formulación y el desarrollo de esta ley. 

3. Planes o programas juveniles mediocres y poco participativos: La siguiente descripción que aparece en  www.jovenesproponen.org/ , resume en gran  medida este punto.

 […] Trece años de promulgada dicha ley el balance no es satisfactorio, en términos de participación sólo existe el 36% de los consejos municipales de juventud CMJ y 6 consejos departamentales. El Sistema Nacional de Juventud no es operante y la institucionalidad a quien se le asigno las responsabilidad de operarla (Vice Ministerio de Juventud) desapareció para darle paso a un Programa Presidencial." 
  
De igual forma, podemos encontrar más argumentos en lo planteado en "Estado y Juventud", cuando dice:

"También tuvieron gran relevancia los “Consejos de Juventud”, hasta el punto de que en sus inicios se eligieron alrededor de 300 en todo el país y en nuestra urbe  en tres ocasiones con los llamados  Consejos Distritales de Juventud. No obstante, han ido sucumbiendo tal y como ha acontecido en el resto del país, al desdibujarse su verdadera filosofía, producto, entre varias razones, de la politiquería para con los jóvenes". 

Esperemos que esta situación tan apremiante empieze a cambiar desde todo punto de vista, iniciando con el deber de nosotros los jóvenes, en responsabilizarnos por un mejor mundo y replantear algunas actividades cotidianas que impiden nuestro progreso y el de los demás. En ese mismo sentido, deseamos contar con un mayor fortalecimiento y democratización en las leyes que nos rigen,  las instituciones que nos educan y las personas que gobiernan nuestro país. 


¡Anhelo una verdadera renovación!

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